Dentro del corazón de una de las montañas más majestuosa de la Cordillera de los Andes en Sud América, está el Santuario Espiritual y Retiro del Gran Dios Merú, Señor Manú de la Sexta Raza Raíz, cuya perfección final es encontrar expresión en el Continente Sudamericano en el futuro no muy distante.
Aproximándose a la entrada del Santuario Antiguo, llegamos a una Cabaña grande del encargado, con tablones desbastados toscos y techo de paja entrelazado, que a primera vista desvía el interés y curiosidad del turista. Entrando a la sala de estar espaciosa, vemos una gran chimenea de roca no bien acabada en un extremo, con muchos asientos acolchados, tejidos en gloriosos colores por el talento de los campesinos nativos. A lo largo de la pared opuesta hay un tapiz hermoso, representando a uno de los gobernantes antiguos de la Civilización Inca, en el acto de la elevación de la Llama ante el Sol de la mañana.
Esperamos en el salón de descanso hasta que la cortina tapiz es apartada y un hombre alto elegante trajeado sencillamente con una túnica de lino, se para en la entrada. Nos hace señas para seguirlo a través del largo pasadizo de rocas, hacia el corazón de la montaña.
Avanzamos en silencio, llegando repentinamente a una gran Cueva natural, cubierta la superficie interna con la misma sustancia parecida a roca blanca. En el propio centro del salón, arde una gran Llama, elevándose en una columna de esencia blanca y desapareciendo de alguna manera a través del techo de la caverna. En un gran círculo alrededor de esta Llama Central hay más de doscientos cojines en un sitio amplio, colocados así como para permitir que cada persona se siente sobre un cojín individual y de frente al Altar Central, tengan una vista completa de la Llama y de cualquiera de los Seres Oficiando quienes pudieran manifestarse allí para un propósito específico. A medida que nos paramos en el umbral, vemos que más de cien de los asientos acolchados están ocupados y que el Gran Dios Merú, Él mismo, está al lado del Pilar de Llama.
El Dios Merú es el Manú de la Sexta Raza Raíz entera, con toda sus siete sub-razas. Esto significa que Él es la Imagen Divina Perfecta para cada uno de los incontables millones de chispas espíritus llamadas a evolucionar sobre el planeta Tierra mediante Su Llama Divina.
Todos los individuos quienes pertenecen a la Sexta Raza Raíz son Su compromiso especial y donde quiera que ellos estén viviendo actualmente sobre el planeta Tierra, nunca conocerá la liberación completa de las responsabilidades de Su Tutela, hasta que cada una de estas almas individuales se desarrolle y maduren en el salón de clase de la experiencia de la Tierra. Cuando Sus hijos particulares se desarrollen espiritualmente, entonces Él establecerá una gran Civilización en Sur América, que será una Edad Dorada de gran Perfección, duradera por más de diez mil años.
Mirándole, vemos los rasgos delicadamente cincelados, particularmente hermoso, la dignidad elegante de su cuerpo alto y la Promesa que yace en Sus Ojos Exquisitos e Insondables.
Reflexionamos sobre la posibilidad de una raza entera llevando su herencia, sus características, su Belleza sencilla, este Ritmo y Armonía y simplicidad dignificada.
Durante el período de estos treinta días, la atención de la Gran Hermandad Blanca se centra en el Retiro del Gran Dios Merú, para intensificar las Bendiciones de Paz en el individuo y el mundo.
(La Palabra de Dios Febrero 1999 páginas 3 y 4)